viernes, 28 de septiembre de 2012

Reseña---Charlie y la fábrica de chocolate


Hace ya que leí este libro, en mi más tierna infancia. Pasados varias años, lo volví a coger de la estantería y lo devoré en una tarde.

El libro narra la historia de Charlie Bucket, perteneciente a una familia pobre. Le encantan los dulces y no dudaría en visitar la fábrica de chocolate del extraño Willy Wonka. Todo cambia cuando éste envía una nota a los periódicos de todo el mundo informando de que cinco afortunados podrán visitar su fábrica. Lo único que deberán hacer es encontrar los billetes dorados, que se encuentran dentro de las chocolatinas que produce.

Desde el primer instante, la pobreza en la que vive la familia Bucket queda en contraste con la codicia. Los integrantes de la familia se tienen solo a ellos y no se quejan de su situación. Es más, hacen todo lo posible para que Charlie reciba por lo menos un regalo en su cumpleaños. Cuando aparece el anuncio de los billetes, la familia se enfrenta a la situación con humildad, a pesar del consumismo desenfrenado hacia la compra de chocolatinas. Con esa gran diferencia, el autor pone las primeras pinceladas de una dura crítica.

Augustus Gloop, Veruca Salt, Violet Beauregarde y Mike Tevé son los niños que consiguen los billetes. Charlie, en un golpe de suerte, logra el último. Y comienza la aventura. La fábrica de chocolate impresiona a todos, pero no todos la saben apreciar.

Serán guiados por el gran Willy Wonka, conocerán los entresijos que hay en la fábrica y los Oompa-Loompas cantarán canciones en su honor.

Los niños irán acompañados por sus padres (excepto Charlie), quedando patente cómo miman a sus hijos en demasía y que dicho comportamiento es criticado por el autor sin ambages.

Cuatro de los pequeños sufren varios accidentes por querer salirse con la suya. Cada cual más macabro que el anterior. Escenas impregnadas de un humor negro genial, acompañadas de los cantos de los Oompa-Loompas, que no tienen piedad en meterse con los niños y de los comentarios de un Willy Wonka que no puede contener las risas ante tales sucesos. Nosotros tampoco lo haremos.

Otro aspecto a destacar son los padres... Personas grises, que no saben educar a sus hijos y no los alientan para que mejoren, se ilusiones o innoven. Se lo dan todo hecho y matan su imaginación. Roald Dalh hace hincapié en esto para que no cometamos el mismo error.

No es un libro con personajes dotados de una psicología profunda, pero tampoco son planos. Lo importane es que con ellos, Dalh nos da una lección de humanidad.

En definitiva, una lectura en la que se pasa a ser el sexto niño, por la que nos maravillaremos y que nos afecte tanto para que no la podamos olvidar. El vocabulario empleado es sencillo, pero el mensaje que transmite muy grande. Un regalo para la imaginación y que reivindica muchos valores ante lo peor de nosotros.